El espíritu de la comedia

La siguiente aportación a mi currículo es El espíritu de la comedia, Premio Anagrama de Ensayo de 1992, que retorna a la sociología del poder político abordada en Majestades, crímenes y víctimas pero no se centra en el legislativo sino en el ejecutivo. Es la época del terrorismo y el contraterrorismo exacerbado, de Roldán y compañía, de los fastos por el Quinto Centenario y la devaluación de la peseta, y el título se explica por la naturaleza de la comedia como género. Moliére, y mucho antes la Retórica de Aristóteles, definen como comedia aquella representación donde el héroe trágico y el coro son sustituidos por tres únicos personajes recurrentes: el impostor, el bufón y el magnate. Partiendo de ese leit motiv, el libro se aplica a analizar fenoménicamente la clase política surgida con la transición democrática, y distribuye su materia en dos partes. La primera analiza el miedo como pasión individual y social, cuidando de marcar las fronteras que separan el miedo del dolor por un procedimiento de muestreo. Tras comparar las tesis de Hobbes y Jefferson, entre otras, introduce al pensamiento de los hermanos Jünger, Ernst y Hans-Georg, cuya meditación sobre la técnica precede y guía la de Heidegger, y que a despecho de tener alguna obra traducida al castellano no habían sido objeto de investigaciones en nuestro país.
La segunda parte se centra en la clase política como estamento, reflexionando sobre horizontes e instituciones de la democracia parlamentaria y la directa, posibilitada ahora para sociedades muy numerosas por la revolución tecnológica. Presta especial atención al terrorismo como bucle realimentado, en el cual siempre coinciden los intereses del terrorista y el antiterrorista, y contrapone a ese círculo vicioso las premisas de un círculo virtuoso alternativo, analizando desde qué parámetros de población podría un grupo reclamar el derecho a autodeterminarse. A propósito de ello, examina de cerca el modelo suizo, así como la tensión entre centralismo, federalismo y confederalismo.
Crítica y lectores fueron benévolos con el libro, y las tesis sobre el terrorismo nacionalista como bucle realimentado por los asesinos y sus represores suscitaron alguna bibliografía en el área de la sociología política. Pero no quiero abusar del tiempo concedido a esta presentación, y me limito a añadir que el malestar producido en ciertos círculos me obligaría a cambiar El País por El Mundo para seguir publicando tribunas periódicas de Opinión. El hecho de ser el único Premio Anagrama concedido sin unanimidad presagiaba ya dicha circunstancia.

Fragmento extraido de: CURRICULUM

© Antonio Escohotado 2006
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